17/07/2010

Rebelarse vende

Ensayo muy accesible escrito por dos autores canadienses en 2004; defienden que el movimiento contracultural no resulta una amenaza contra el sistema, sino que es el sistema el que funciona gracias al movimiento contracultural. 

Revisando una gran variedad de perspectivas inconformistas, como los activistas ecológicos, los skaters, hippies, alternativos, punks, luchadores contra el consumismo... se encuentran muchas similitudes. En todos estos movimientos, se percibe al resto del mundo como oprimidos/ conformistas en relación a una mayor fuerza social - la sociedad y sus normas, que se consideran represivas de la naturaleza humana.

Los autores reclaman que los movimientos contraculturales no son tan "únicos" como aparentan. Hippies y yuppies tienen el mismo origen; y de hecho la evolución de un hippie a un estilo de vida yuppie es una transición lógica, debido a que ambos estilos de vida son similares en sus valores básicos, aunque expresados de distintas maneras: una se considera alternativa, mientras la otra se considera incorporada.

Todos los movimientos contraculturales producen un markéting específico para diferenciarse unos de otros. Heath y Potter piensan que estos movimientos no han sido absorbidos por el sistema, sino que son el sistema en sí. Sorprendente el repaso que le dan a Naomi Klein - autora de No Logo - a favor del argumento que ellos sostienen, al igual que revelan algunos datos que Michael Moore no menciona en su documental  Bowling for Columbine, que suponen un contundente golpe a la tesis que defiende el director. 
Tomando como base que los activistas suelen concebir que el mal de la sociedad está en la proliferación del conformismo y de la uniformidad, y no en las injusticias, señalan que este error obtiene un efecto contraproducente. Por ello los autores enfatizan la necesidad de preocuparse más por la justicia social de modo concreto y menos por la simple agitación cultural contra las normas tradicionales establecidas.


"La Revolución Industrial y sus efectos han sido un desastre para la humanidad. Han aumentado enormemente la esperanza de vida de los países desarrollados, pero han creado sociedades inestables formadas por individuos insatisfechos con sus vidas; han sometido a los seres humanos a todo tipo de humillaciones; han producido un sufrimiento psicológico generalizado - en el Tercer Mundo el sufrimiento también es físico - y han dañado seriamente nuestro planeta. El progreso ininterrumpido de la tecnología empeorará la situación. Someterá a los seres humanos a mayores indignidades y deteriorará aún más la naturaleza; probablemente traiga mayores trastornos sociales y psicológicos;  y quizá incremente en maltrato físico, incluido en los países "desarrollados".

Por tanto, abogamos por una revolución contra el sistema industrial. Ésta podría emplear la violencia o no, como podría ser repentina o gradual, que abarque un par de décadas. Es imposible predecir nada. Tan sólo somos capaces de bosquejar las medidas generales que deben tomar quienes odian el sistema industrial para ir preparando una revolución contra una sociedad semejante. No será una revolución social. Su objetivo no será acabar con el gobierno, sino con la base económica y tecnológica de la sociedad actual"

Estas líneas son los primeros párrafos del manifiesto de Unabomber. En las décadas de 1980 y 1990, Unabomber se hizo famoso en los EEUU porque enviaba paquetes bomba a conocidos científicos, ingenieros y políticos de todo el país, es decir, a los responsables de la perpetuación de la "base económica y tecnológica" de la sociedad. (...)

La policia pasó 15 años sin lograr dar caza a Unabomber. Cuando parecía que todo estaba perdido, en 1996 el terrorista contactó anónimamente con la policía, ofreciéndose a interrumpir su cadena de atentados si el New York Times o el Washington Post publicaban su manifiesto. Curiosamente, ambos periódicos aceptaron, por lo que recibieron un aluvión de críticas. Cuando el texto se hizo público, el hermano de Unabomber lo reconoció y llamó a la policía. Gracias a los datos que aportó, los agentes se presentaron en una pequeña cabaña cerca de Lincoln, Montana, donde Theodore Kacynski vivía desde 1979 como un ermitaño, sin suministro eléctrico, alimentándose de las verduras de su huerto y de los conejos que cazaba y fabricando bombas caseras.

Al publicarse el manifiesto de Unabomber, un sector de la izquierda descubrió, para su gran sorpresa, que estaba de acuerdo en casi todo. Obivamente, cómo no, aparecían muchos elementos de la teoría contracultural. ¿Es verdad que la tecnología moderna ha creado un sistema de dominación total? Claro que sí. ¿Estamos destruyendo sistemáticamente la naturaleza? Pues sí. ¿La sociedad industrial proporciona sólo placeres compensatorios? Correcto. ¿La gran masa está formada por conformistas compulsivos y ultrasociales? Noticias frescas.

(...)

Veamos el caso de Michelle Rose, una madre estadounidense de 41 años que vive en Vermont y ha sufrido una serie de tragedias personales que incluyen un fracaso matrimonial y una situación de maltrato. Pero ahora las cosas han cambiado. Rose ha conseguido recomponer su vida. El momento crucial fue cuando perdió todo lo que tenía en un fuego que redujo su casa a escombros. Ésta fue la llamada de atención que le hacía falta. Fue cuando descubrió (según la revista Real Simple) que para vivir "sólo necesitaba lo que la tierra pudiera darle"
Ésto parece el comienzo de una edificante historia sobre una mujer que aprendió a trascender los valores materialistas y huir del salvaje consumismo que domina nuestra cultura. Una foto a doble página muestra a Michelle trabajando en su jardín : "Con mucho cuidado, mete las plantas en sus agujeros y lentamente las rodea de tierra. Sus movimientos son tiernos, casi maternales. Aquí, entre el barro, se siente ella misma".

Sin embargo, al ir avanzando la historia se complica. Resulta que el barro del norte del estado de Vermont no es todo lo bueno que Rose esperaba. Su pequeño jardín, al que acude para relajarse de sus preocupaciones, está nada menos que en Kauai, una de las islas menos pobladas y más frondosas de Hawaii. Para llegar hasta allí, Rose tiene que ir en coche a Burlington, en avión a Chicago, coger otro par de aviones más y hacer un trayecto final de una hora hasta su terreno. Varias veces al año acude a "limpiar y preparar sus cuatro hectáreas de tierra para el té, el sándalo y el bambú que ha empezado a cultivar". Cuando sus hijos acaben el instituto, tiene pensado "simplificar su vida", es decir, mudarse a vivir a la isla.

Así es el nuevo consumismo. En un momento dado se puso de moda irse al norte de Vermont para huir de todo. Y claro, el norte de Vermont se abarrotó de gente. Entonces, ¿qué es lo siguiente? Una isla perdida en mitad del Pacífico. Por supuesto, este tipo de islas son escasas. Pero, de momento, Rose ha logrado adelantarse a las masas. El artículo nos lo explica:
"Al contrario que los turistas de multipropiedad que vienen a la isla a tomar cócteles Mai Tai e ir a fiestas luau, a Michelle lo que le atrae es el barro". Por si a alguien no le ha quedado claro, Michelle aporta más datos: "Casi todos los que vienen de vacaciones van al sur de la isla", nos dice, dónde hay un clima más soleado". Además, su parcela está en plena selva tropical. "Nos gusta el aire húmedo", explica. Claro que sí. Rose no va al otro lado de la isla por la peculiar sensación de superioridad moral que le produce aislarse de los turistas. Lo hace exclusivamente por la humedad.

¿Y la idea de plantar té? Eso tampoco es capitalismo auténtico. "
En cuatro hectáreas se pueden obtener varias toneladas de té. Para la empresa Lipton no será mucho, pero para un negocio local de infusiones orgánicas, supone una cantidad considerable."
Además, el proyecto no es que sea precisamente barato. Resulta que Michelle tiene un empleado a tiempo completo, dedicado a cuidarle el "
barro" cuando ella no está. También ha contratado los servicios de un constructor para que le haga tres edificios de "cedro veteado con madera de teca" uno del cuales va a destinar al té orgánico que pretende cultivar. El estilo es una mezcla de "primitivo y elegante". Pero, ¿cómo demonios va a pagar todo eso?
Resulta que ha recibido un buen pellizco de dinero al divorciarse. Y su marido actual, que es arquitecto y catedrático (nos informan en un apartado adicional) ha diseñado amorosamente los futuros edificios. ¿No es maravilloso lo que puede aprender uno cuando pierde todos sus bienes materiales en un incendio?

Obviamente, aquí hay algo que falla. Para ser una persona poco materialista, que ha optado por vivir de una manera
"sencilla", Michelle se está gastando una enorme cantidad de dinero. Su actitud se podría llamar "la paradoja del antimaterialismo". Durante los últimos 40 años, la filosofía antimaterialista ha sido uno de los mejores negocios del capitalismo consumista estadounidense. No todo el mundo tiene tiempo para ponerse a cultivar té orgánico. Lo normal es que la gente tenga que trabajar. Pero aunque no tengan el tiempo ni el dinero para vivir como Rose, sí que pueden apoyar su filosofía y admirar su sentido estético. Basta con que compren su té orgánico. Sólo hay un fallo: la ideología que defiende la revista Real Simple tiene prestigio precisamente porque se opone al materialismo. Cultivar té, en vez de comprarlo más barato y fabricado en serie, nos hace mejores personas, más apegadas a la tierra. Pero "salirse" del mercado del té para producirlo por cuenta propia no destruye los cimientos del consumismo. Lo que hace es crear una cuota de mercado de té orgánico más caro y "cien por cien natural", destinado a los que no tienen tiempo para cultivarlo. En otras palabras, en vez de reducir el consumismo competitivo, lo que hace es aumentarlo.

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