10.09.2009

Delicioso suicidio en grupo

En Finlandia, la tasa de suicidios es bastante elevada, quizá influidos por su dicho "Lo más importante en esta vida es la muerte, y ni tan siquiera ésta es realmente importante". 
El día de San Juan, fiesta de luz y alegría, el empresario en quiebra Onni Rellonen decide poner fin a su vida en un típico granero finés, inhalando dióxido de carbono del tubo de escape. Pero allí encuentra otro visitante, que apenas se mantiene en una silla tambaleante y con un nudo corredizo alrededor del cuello; es el coronel Kemppainen, un viudo desconsolado.
Disuadidos de momento de su propósito final debido al encuentro fortuito, empiezan a charlar animadamente sobre sus motivos, van a una sauna, toman un coñac, empiezan a tutearse y deciden fundar una asociación de aspirantes a suicida. Hasta una treintena de personas se unen a esta asociación, incluido un transportista propietario y gerente de La Línea Veloz de Korpela, S.A, así que todos deciden lanzarse en un flamante autobús, "La Flecha de la Muerte" hacia un tour en busca de el mejor acantilado para lanzarse al vacío, acometiendo un suicidio digno.
Cruzando Europa de punta a punta, irán acumulando experiencias y aventuras desternillantes en este viaje que incluye reflexiones irónicas y profundas sobre el deporte nacional finés, el suicidio.

Con un estilo directo y muy fácil de leer, es ésta una novela de carretera repleta de humor negro y absurdo,  con un final previsible. Sin embargo, no importa el final, sino el cómo, y ahí, Paasilinna es un auténtico maestro en mantener el interés.



El coronel entró en la casa para buscar la carpeta que contenía, entre otras, su respuesta al anuncio del periódico. Se trataba de una tarjeta comercial de La Veloz de Korpela S.A, en cuyo reverso el transportista había escrito: "Muy interesado en el suicidio, pero sin tiempo para escribir en este momento. Pónganse en contacto y ya hablaremos".
El coronel cerró la carpeta y pasó a exponerle los proyectos de su grupo. Le contó que tenía en su poder los datos de seiscientos finlandeses y que los había utilizado para organizar el seminario de Helsinki. (...) Kemppainen le preguntó si había entendido bien el objetivo de la tropa. No estaban hablando de turismo de lujo, sino más bien se trataba de aliviar a personas desesperadas que se enfrentaban a cuestiones fundamentales, y juntas, intentaban hallar consuelo a su sufrimiento. (...)
Tras el desayuno, dieron una vuelta de prueba. Eran más o menos las siete. Recorrieron la provincia a una velocidad de vértigo; Turenki, Hattula, Hauho, Pälkäne, Lupioinen y Lammi, donde pararon a comer. Cuando abrió la licorería, compraron veitne botellas de champán y dieron media vuelta en dirección al lago Humalajärvi, para festejar el primer y exitoso viaje del buque insignia de la compañía La Veloz de Korpela S.A.
En lo mejor de la fiesta, se detuvo ante el jardín de la casa un coche negro del que se bajaron con torpeza dos hombres de aspecto formal. (...)
Los serios recién llegados se presentaron a Rellonen; uno era el comisario rural del distrito y otro un abogado de Helsinki. Este último dijo que representaba al oficial del juzgado encargado de la liquidación de su empresa en quiebra. El director gerente ofreció champán a sus visitantes, pero éstos no parecían estar para muchas fiestas. Estaban allí para otro asunto, algo mucho más grave.
El abogado sacó un fajo de papeles y declaró que, en virtud de la sentencia emitida con fecha de 21 de marzo del año en curso por el Tribunal de Primera Instancia de Helsinki sobre la citada quiebra, quedaba prohibida toda enajenación o destrucción del inmueble situado en la orilla del lago Humalajärvi, y asimismo, teniendo en cuenta los agravantes del caso, se declaraba la citada propiedad bajo embargo inmediato; por consiguiente, el director Rellonen tenía que hacer entrega de las llaves y retirarse de citado lugar, él y todos los allí presentes, esa msma noche antes de las doce.
El comisario del distrito añadió que, en caso de desobediencia, él mismo se presentaría en calidad de autoridad competente para facilitarle la mudanza y que, de ser necesario, también los oficiales de policía bajo su mando se ocuparían de acelerar dicho trámite.
Rellonen se opuso, diciendo que por lo menos seguía siendo amo de su casa y señor en sus propias tierras. Amenazó con presentar una queja al defensor del pueblo por la conducta oficial del juzgado y del comisario del distrito, y dijo que si hacía falta llegaría hasta el mismo presidente de la República.
Pero sus protestas no surtieron ningún efecto.
Le dieron permiso para vaciar el frigorífico, sacar del pozo la caja de cervezas puesta a refrescar y llevarse las ollas y demás menaje de cocina comprado en Urjala, que reconocieron como propiedad de los invitados de Rellonen. Vamos, que al director gerente le dejaron con lo puesto, y sólo le dieron permiso para coger sus enseres de aseo personal, además de una pastilla de jabón y una toalla. El resto de los bienes inmuebles quedaron confiscados en el interior de la casa, y Rellonen tuvo que entregar sus llaves a los invasores, tras lo cual aún le fue exigido que firmara el acta de embargo.
La formalidad fue llevada a cabo con la mayor brevedad y frialdad. Cuando terminaron, el comisario del distrito y el oficial del juzgado subieron al coche y se fueron por donde habían venido.
El oficial del juzgado le dijo al comisario, con indignación:
- Pues menuda fiestecita tenían organizada... Claro, no me extraña que el tío haya acabado en la ruina. Con una marcha como ésa, hasta el Banco de Finlandia se hundiria, así que... ni te cuento una lavandería...
El comisario no se quedó atrás. El mundo de los negocios estaba podrido de cabo a rabo. El tipo se había declarado insolvente, pero para champán sí que había dinero. Había contado al menos veinte invitados en la casa, y todos estaban borrachos como cubas. Estaría en la bancarrota, pero desde luego, eso no le impedía pasárselo en grande.
-¡Joder...! Y luego, ¡que pague el contribuyente!
- ¡Y cómo me hervía la sangre al ver a esos parásitos... tirando al lago las botellas de champán a medio beber! Les ponían el corcho y hala, al agua. ¡Qué vergüenza! Por suerte, ha terminado todo.
El comisario añadió:
- ¿Y qué me dice del coronel ése, que se pavoneaba más que nadie? Una conducta inadmisible para un representante de las fuerzas armadas. Los cuervos graznan donde apesta a carroña, eso ya se sabe.
El oficial admitió que de vez en cuando él también bebía champán, y con gusto, pero a sus expensas normalmente. Sin embargo, celebrar semejante sarao, y como quien dice, sobre las ruinas de una empresa sumida en la bancarrota... eso era inaudito. Daba náuseas contemplar semejante desenfreno, cuando en Finlandia quedaba aún tanta miseria material y espiritual. Cientos de personas se suicidaban en el país, gente que se veía superada por sus problemas... Y pensar que mientras tanto, semejantes sinvergüenzas se arrogaban el derecho de vivir a lo loco sin preocuparse por el mañana...

10.04.2009

El Universo Elegante

Nuestra concepción para explicar el universo se basa en dos leyes que se contradicen. En este libro, Brian Greene nos explica cómo las grandes teorías de la relatividad y de la mecánica cuántica, que han transformado la interpretación de la naturaleza durante el siglo XX, conllevan el gran problema de la física actual; la búsqueda de una ley que unifique a todas las demás, una ley que Einstein persiguió en vano. La teoría de las supercuerdas vendría a unificar esos dos grandes pilares de la física actual, el gravitacional y el cuántico, al suponer que todo lo que sucede en el universo surge de las vibraciones de una única entidad ; microscópicos lazos de energía que se encuentran en el núcleo de la materia, y que habitan en espacios de dimensiones superiores a las cuatro del espacio-tiempo.

Cuestiones complejas presentadas de forma amena y bien explicadas para que todo el mundo pueda abordar el texto. Si alguna vez os preguntasteis si Dios creó el universo jugando a los dados, este libro es altamente recomendable.


Durante los últimos treinta años de su vida, Albert Einstein buscó incesantemente lo que se llamaría una teoría unificadora de campos, es decir, una teoría capaz de describir las fuerzas de la naturaleza dentro de un marco único, coherente y que lo abarcase todo. Einstein no estaba motivado por las cosas que a menudo relacionamos con la actividad científica, como, por ejemplo, intentar hallar una explicación para estos o aquellos datos experimentales. Lo que le impulsaba era una creencia apasionada en la idea de que una comprensión más profunda del universo pondría de manifiesto una auténtica maravilla; la sencillez y el enorme poder de los principios en los que se basa. (...)

Hablar de una ocultación sería quizá demasiado drástico, pero, durante más de medio siglo - incluso en el preciso momento de alcanzar algunos de los mayores logros científicos de la historia - los físicos han sido conscientes de la existencia de una oscura nube que surgía amenazadora en un horizonte lejano. El problema es el siguiente: existen dos pilares fundamentales en los que se apoya la física moderna. Uno es la relatividad general de Albert Einstein, que proporciona un marco teórico para la comprensión del universo a una escala máxima: estrellas, galaxias, cúmulos de galaxias, y aún más allá, hasta la inmensa expansión del propio universo. El otro pilar es la mecánica cuántica, que ofrece un marco teórico para la comprensión del universo a escalas mínimas; moléculas, átomos, y así hasta las partículas subatómicas, como los electrones y los quarks. A lo largo de años de investigación, los físicos han confirmado experimentalmente, con una exactitud casi inimaginable, la práctica totalidad de las predicciones que hace cada una de esas teorías. Sin embargo, estos mismos instrumentos teóricos conducen a otra conclusión inquietante; tal y como se formulan actualmente, la relatividad general y la mecánica cuántica no pueden ser ambas ciertas a la vez. Las dos teorías en las que se basan los enormes avances realizados por la física durante los últimos cien años - unos avances que han explicado la expansión de los cielos, y la estructura fundamental de la materia - son mutuamente incompatibles.

10.02.2009

El extranjero

Publicada en 1942, esta novela en primera persona es una descripción muy acertada de la carencia de valores del mundo en el que se mueve Meursault, el protagonista. Una serie de circunstancias le llevan a cometer un crimen absurdo, aparentemente inmotivado; su muerte en el patíbulo no tendrá más sentido que su vida, exenta de responsabilidad, sentido moral o culpa.


Todo el texto refleja apatía e indiferencia frente al entorno.
Como curiosidad, The Cure dedicó la canción Killing an Arab a este libro.



La había golpeado hasta hacerla sangrar. Antes no lo hacía. "Le pegaba, pero tiernamente, por así decirlo. Lloraba un poco. Yo cerraba las contraventanas y todo terminaba como siempre. Pero ahora va en serio. Para mí, no la he castigado bastante.
Me explicó entonces que ésa era la razón de que necesitase un consejo. Se interrumpió para ajustar la mecha de la lámpara que había ardido. Yo seguía escuchándolo. Había bebido casi un litro de vino y sentía calor en las sienes. Fumaba los cigarrillos de Raymond, porque había agotado los míos. Pasaban los últimos tranvías y llevaban con ellos los ruidos ahora lejanos del barrio. Raymond siguió.
Lo que le fastidiaba "es que todavía deseaba su sexo". Pero quería castigarla. Había pensado primero llevarla  un hotel y llamar a la poli para armar un escándalo y la fichasen. Después había hablado con sus amigos del hampa. No se les había ocurrido nada. Para tan poco valía ser del hampa, como me comentaba Raymond. Se lo había dicho a ellos, que habían propuesto entonces "marcarla". No era eso lo que él quería.Antes deseaba preguntarme algo. Además quería saber primero qué me parecía esta historia. Respondí que no me parecía nada, pero que era interesante. Me preguntó si creía que había sido engañado y amí me parecía, ciertamente, que sí lo había sido, y si yo creía que merecía un castigo, y yo le dije que nunca se sabe, pero que comprendía que quisiera castigarla. Bebí todavía un poco de vino. Encendió un cigarrillo y me dio a conocer su idea. Quería escribirle una carta "con patadas, y al mismo tiempo, con cosas que la hicieran lamentarlo". Después, cuando volviese, se acostaría con ella y, justo en el momento de terminar, le escupiría en la cara y la echaría. Me pareció que, en efecto, de ese modo quedaría castigada. Pero Raymond me dijo que no se sentía capaz de hacer la carta que convenía y que había pensado en mí para escribirla. Como yo nada dije, me preguntó si me molestaría hacerla enseguida, y le contesté que no.

9.30.2009

La sombra del viento

Arranca en un cementerio de libros olvidados. Daniel Sempere encontrará allí un volumen que le fascina; lo rescata del cementerio de libros olvidados, lee el libro de tirón, y a partir de ahí, se verá envuelto en intrigas y peligros por proteger este libro de ciertas personas. También investigará la vida del autor, tan atrayente como su obra.

La mejor novela de intriga que he leído recientemente, por su calidad literaria, el escenario que evoca y los diálogos chispeantes. Además, reafirma mi teoría; los sugus de limón curan cualquier cosa.

Ésta novela se ha convertido en un best-seller mundial, con más de diez millones de ejemplares vendidos en 36 idiomas diferentes, llamando la atención de la crítica a nivel mundial que aclamó la obra como "una de las grandes revelaciones literarias de los últimos tiempos".


—Anda, Daniel, vístete. Quiero enseñarte algo —dijo.
—¿Ahora? ¿A las cinco de la mañana?
—Hay cosas que sólo pueden verse entre tinieblas—insinuó mi padre blandiendo una sonrisa enigmática que probablemente había tomado prestada de algún tomo de Alejandro Dumas.

Las calles aún languidecían entre neblinas y serenos cuando salimos al portal. Las farolas de las Ramblas dibujaban una avenida de vapor, parpadeando al tiempo que la ciudad se desperezaba y se desprendía de su disfraz de acuarela. Al llegar a la calle Arco del Teatro nos aventuramos camino del Raval bajo la arcada que prometía una bóveda de bruma azul. Seguí a mi padre a través de aquel camino angosto, más cicatriz que calle, hasta que el reluz de la Rambla se perdió a nuestras espaldas. La claridad del amanecer se filtraba desde balcones y cornisas en soplos de luz sesgada que no llegaban a rozar el suelo.
Finalmente, mi padre se detuvo frente a un portón de madera labrada ennegrecido por el
tiempo y la humedad. Frente a nosotros se alzaba lo que me pareció el cadáver abandonado
de un palacio, o un museo de ecos y sombras.
—Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie. Ni a tu amigo Tomás. A nadie.
Un hombrecillo con rasgos de ave rapaz y cabellera plateada nos abrió la puerta. Su mirada aguileña se posó en mí, impenetrable.
—Buenos días, Isaac. Éste es mi hijo Daniel —anunció mi padre—. Pronto cumplirá once años, y algún día él se hará cargo de la tienda. Ya tiene edad de conocer este lugar.
El tal Isaac nos invitó a pasar con un leve asentimiento. Una penumbra azulada lo cubría todo, insinuando apenas trazos de una escalinata de mármol y una galería de frescos poblados con figuras de ángeles y criaturas fabulosas. Seguimos al guardián a través de aquel corredor palaciego y llegamos a una gran sala circular donde una auténtica basílica de tinieblas yacía bajo una cúpula acuchillada por haces de luz que pendían desde lo alto. Un laberinto de corredores y estanterías repletas de libros ascendía desde la base hasta la cúspide, dibujando una colmena tramada de túneles, escalinatas, plataformas y puentes que dejaban adivinar una gigantesca biblioteca de geometría imposible. Miré a mi padre, boquiabierto.

Él me sonrió, guiñándome el ojo.

—Daniel, bienvenido al Cementerio de los Libros Olvidados.

Les diré que te recuerdo

Cristina Rota realiza un ejercicio de memoria, desgranando la etapa desde los cincuenta hasta el final de los setenta en Argentina. Desde sus primeros recuerdos del barrio de sus abuelos, hasta los años de plomo, cuando la dictadura militar marcó el futuro de más de 30.000 familias con "desaparecidos". La autora relata sus vivencias sobre política, amor, pobreza, compromisos, encuentros, desencuentros, exilio y traiciones. Pero sobre todo, el libro es una conmemoración a su compañero desaparecido, Diego Fernando Botto, secuestrado, presumiblemente torturado y asesinado por la dictadura militar el 21 de marzo de 1977. Un homenaje a toda la generación que entregó lo mejor de su vida por la lucha para construir un país libre y más justo.

Yo pongo mis muertos encima de la mesa
yo pongo su sangre seca, histórica
sus huesos retorcidos y su insoportable olor a espera postergada.

La mirada clavada en la respuesta que habremos de ofrecer
los hijos o los nietos o los herederos de la carne podrida al sol
Y la rabia que brota de los labios que me muerdo
desde que perdí los dientes de leche
La rabia que riego en la ducha todas las mañanas
y me saluda irónica todas las noches
que me arropa y me refleja en los ojos de los
muertos que aún van a trabajar,
me la puedo tragar
Le puedo enseñar a atarse los cordones
y no aceptar caramelos de extraños
Pero solo...

Cuando me den una pala para enterrarlo a gusto
y unas rejas donde visitar a sus asesinos.

Juan Diego Botto

Nana

Un periodista investiga sobre la muerte súbita infantil y descubre que en todas las casas que visita hay un libro de cuentos africanos marcados por la misma página, la 27. Al parecer, la edición incluye una nana que se utilizaba a modo de eutanasia; quien la escucha, muere. Ha descubierto que tiene el poder de matar sin ningún tipo de represalias. ¿Quién puede culparle de una muerte "natural"?. Sólo tiene que leer en voz alta...

No es el único que sabe de su existencia; Helen Hoover Boyle, una agente inmobiliaria que se dedica a vender casas encantadas, también conoce el poder de la canción. Acción, tensión, humor negro, una novela más de tito Palahniuk altamente recomendable.

9.27.2009

Un mundo feliz

Las personas se fabrican; las familias ya no existen. La sociedad está alienada por el condicionamiento de la hipnopedia, el soma y un sucedáneo religioso post industrial (por el amor de Ford). La guerra y la pobreza se ha erradicado, a cambio de la libertad individual y otras muchas cosas - el arte, la religión, ciencia, literatura, amor...

La situación social nos lleva a una ataraxia lúdica, que nos conduce a una deshumanización sin escapatoria.

Publicada en 1932, cuando aún no existían indicios de poder manipular el código de ADN, anticipa la posibilidad de la reproducción humana a la carta. La sociedad se organiza por personas incubadas y predestinadas desde que nacen para pertenecer a diferentes castas: Alfas, Betas, Gammas, Deltas y Epsilones. Cada casta está destinada a realizar ciertas tareas: los Alfas son la casta superior, por lo que realizan los trabajos que requieren una mayor inteligencia, mientras que los Epsilones llevan a cabo los trabajos más duros y arduos. A pesar de ello, todo el mundo es feliz, porque, desde su misma concepción, los embriones han sido acondicionados y, desde que nacen, a los pequeños se les realiza hipnopedia mientras duermen para convencerlos de las ventajas de pertenecer a ese mundo y a sus castas; porque todas sus necesidades están satisfechas y porque en caso de sentirse mal tienen a su disposición una droga legal entregada por el Estado, el soma.

—¡Pero, hijo mío! —exclamó el director, volviéndose bruscamente hacia él—. ¿De veras no lo comprende? ¿No puede comprenderlo? —Levantó una mano, con expresión solemne—. El Método Bokanowsky es uno de los mayores instrumentos de la estabilidad social.
Uno de los mayores instrumentos de la estabilidad social.

Hombres y mujeres estandardizados, en grupos uniformes. Todo el personal de una fábrica podía ser el producto de un solo óvulo bokanowskificado.
—¡Noventa y seis mellizos trabajando en noventa y seis máquinas idénticas! —La voz del director casi temblaba de entusiasmo—. Sabemos muy bien adónde vamos. Por primera vez en la historia. —Citó la divisa planetaria: Comunidad, Identidad, Estabilidad. —Grandes palabras—. Si pudiéramos bokanowskificar indefinidamente, el problema estaría resuelto.

Resuelto por Gammas en serie, Deltas invariables, Epsilones uniformes. Millones de mellizos idénticos. El principio de la producción en masa aplicado, por fin, a la biología.
—Pero, por desgracia —añadió el director—, no podemos bokanowskificar indefinidamente.
Al parecer, noventa y seis era el límite, y setenta y dos un buen promedio. Lo más que podían hacer, a falta de poder realizar aquel ideal, era manufacturar tantos grupos de mellizos idénticos como fuese posible a partir del mismo ovario y con gametos del mismo macho. Y aun esto era difícil.

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Cien repeticiones tres noches por semana, durante cuatro años —pensó Bernard Marx, que era especialista en hipnopedia—. Sesenta y dos mil cuatrocientas repeticiones crean una verdad. ¡Idiotas!