2.04.2010

Momo

Una niña huérfana aparece en las ruinas de un anfiteatro, y se queda a vivir allí, con el beneplácito del vecindario. No es una niña cualquiera; sabe escuchar como nadie. Pronto todos buscarán a Momo para contarle sus pensamientos, y ella siempre tiene tiempo para escuchar a todos. En su barrio la frase Vete a ver a Momo se ha convertido en proverbial. Aunque Momo se lleva  bien con todos, tiene una amistad muy especial con Beppo el barrendero y con Gigi Cicerone o Girolamo.

Sin embargo, un día aparecen los hombres grises, unos extraños individuos que representan al Banco de Tiempo y promocionan la idea de ahorrar tiempo entre la población (tiempo que puede ser depositado en el Banco y devuelto al cliente después, con interés). En realidad, hacen que la gente lo olvide todo salvo su obsesión por ahorrar todo el tiempo posible para un hipotético uso posterior. Gradualmente, la siniestra influencia de los Hombres Grises afecta a toda la ciudad: la vida se convierte estéril, se deja de hacer todo lo que se considera perder el tiempo, como el arte, la imaginación o incluso dormir. Todo se vuelve uniforme. Y parece que cuanto más tiempo ahorra una persona, menos tiempo tiene: los hombres grises lo consumen en forma de cigarros, sin los cuales  no pueden existir. Momo, con su actitud, se convierte en un serio obstáculo para los hombres grises,  (si todo el mundo la imitara, los hombres grises se extinguirían) así que  ellos pondrán todos los medios a su alcance para eliminarla.
Lo leí en mi adolescencia y lo he releído varias veces, cada vez más asombrada de la clarividencia y lucidez de Michael Ende, con una crítica a la sociedad moderna, tan vulnerable frente al consumismo, y en la que lo instantáneo está sobrevalorado. La idea de almacenes de niños, ya que los padres no tienen tiempo para estar con ellos, en su momento me pareció una exageración atroz, pero hoy en día es lo más común; las guarderías en las que los bebés son custodiados no son ficticias.

La novela muestra el peligro de verse seducido por los intereses ocultos de empresas que cuentan con el suficiente poder como para influir en el estilo de vida de la gente. Es también una profunda crítica al modelo racional de concebir el tiempo, un modelo economicista que olvida esos pequeños momentos y sensaciones que carecen de valor econóomico y por tanto pueden parecer superfluos, y que no obstante son realmente importantes en la vida humana desde el punto de vista espiritual.


-Hola. Soy Bebenín, la muñeca perfecta.
Momo se retiró asustada, pero entonces contestó, casi sin querer:
-Hola; yo soy Momo.
De nuevo, la muñeca movió los labios y dijo:
-Te pertenezco. Por eso te envidian todos.
-No creo que seas mía - dijo Momo - Más bien creo que alguien te habrá olvidado.
Tomó la muñeca y la levantó. Entonces se movieron de nuevo los labios y dijo:
- Quiero tener más cosas.
-¿Ah, sí? - contestó Momo, y reflexionó. - No sé si tendré algo que te vaya bien. Pero espera, que te enseñaré mis cosas y podrás decir qué te gusta. Tomo la muñeca y pasó con ella por el agujero de la pared hasta su habitación. De debajo de la cama sacó una caja con toda suerte de tesoros y la puso delante de Bebenín.
- Toma -dijo - es todo lo que tengo. Si hay algo que te gusta, no tienes más que decirlo. (...)
La muñeca no dijo nada y Momo la empujó.
- Hola - sonó la muñeca - soy Bebenín, la muñeca perfecta.
- Sí - dijo Momo - ya lo sé. Pero querías escoger algo. Aquí tengo una bonita casa de caracol. ¿Te gusta?
- Te pertenezco - contestó la muñeca - Por eso te envidian todos.
- Eso ya lo has dicho - dijo Momo - Si no quieres ninguna de mis cosas, podríamos jugar, ¿vale?
- Quiero tener más cosas - repitió la muñeca.
- No tengo nada más - dijo Momo. (...) - Vamos a jugar a que vienes de visita - propuso Momo.
- Hola - dijo la muñeca - soy Bebenín, la muñeca perfecta.
- Qué amable de venir a verme - contestó Momo - ¿de dónde viene usted, señora mía?
- Te pertenezco - prosiguió Bebenín - Por eso te envidian todos.
- Escucha - dijo Momo - así no podemos jugar, si siempre dices lo mismo.
- Quiero tener más cosas - contestó la muñeca, mientras pestañeaba.
Momo lo intentó con otro juego, y cuando este también fracasó, con otro, y otro, y otro más. Pero no salía bien. Si la muñeca por lo menos no hubiera dicho nada, Momo habría podido contestar por ella, y habría resultado una conversación más bonita. Pero precisamente por hablar, Bebenín impedía cualquier diálogo.

11.15.2009

El Secreto

Cinco universitarios, fascinados por un profesor carismático y snob, Julian Morrow,  profundizan en los misterios de la cultura griega antigua. Sin embargo, cegados por su propia arrogancia intelectual y  moral, cometerán un crimen casi involuntario, y a continuación, se verán obligados a concebir y ejecutar un acto aún más terrible.

El Secreto fue la primera novela de Donna Tartt, y es una de las novelas que más impacto me ha causado. El hilo de la trama se ha engarzado como si fuera una tela de araña para enganchar al lector, se devora solo; no hay ni un sólo personaje "hueco", incluso los secundarios están "vivos", permaneciendo indelebles en la memoria. Richard Papen, el protagonista, apocado y acomplejado por su falta de recursos; los gemelos, Charles y Camila Macaulay, el alegre y despreocupado Edmund Corcoran, Henry Winter, introvertido y aún así, el gurú del grupo; y Francis Abernathy, elegante, rico y homosexual. Todos esconden secretos en sus vidas, y se irán revelando en pro de guardar el más importante.  Rociada con citas e información sobre la cultura antigua griega, es ameno, un thriller que mantiene la tensión hasta el último momento, con un final desconcertante, nada predecible.




Ahora me centro en la génesis de los filólogos
y sostengo lo siguiente:
1 - Un hombre joven no puede saber lo que son los griegos
ni los romanos.
2- No sabe si está capacitado para averiguar algo acerca de ellos.

Friedrich Nietzsche - Consideraciones intempestivas -

Venid, pues, y pasemos una hora de ocio
contando historias, y nuestra historia versará
sobre la educación de nuestros héroes
Platón - La República, libro II
(Citas con la que se abre el libro)

… No reconocimos la gravedad de nuestra situación hasta varias semanas después, cuando la nieve de las montañas ya se estaba fundiendo. Bunny llevaba diez días muerto cuando lo encontraron. Fue la operación de búsqueda más intensa de la historia de Vermont: policía estatal, el FBI, incluso un helicóptero del ejército. Cerraron la universidad, cerraron la fábrica de tintes de Hampton, acudió gente de New Hampshire, de Nueva York y hasta de Boston…

10.09.2009

Delicioso suicidio en grupo

En Finlandia, la tasa de suicidios es bastante elevada, quizá influidos por su dicho "Lo más importante en esta vida es la muerte, y ni tan siquiera ésta es realmente importante". 
El día de San Juan, fiesta de luz y alegría, el empresario en quiebra Onni Rellonen decide poner fin a su vida en un típico granero finés, inhalando dióxido de carbono del tubo de escape. Pero allí encuentra otro visitante, que apenas se mantiene en una silla tambaleante y con un nudo corredizo alrededor del cuello; es el coronel Kemppainen, un viudo desconsolado.
Disuadidos de momento de su propósito final debido al encuentro fortuito, empiezan a charlar animadamente sobre sus motivos, van a una sauna, toman un coñac, empiezan a tutearse y deciden fundar una asociación de aspirantes a suicida. Hasta una treintena de personas se unen a esta asociación, incluido un transportista propietario y gerente de La Línea Veloz de Korpela, S.A, así que todos deciden lanzarse en un flamante autobús, "La Flecha de la Muerte" hacia un tour en busca de el mejor acantilado para lanzarse al vacío, acometiendo un suicidio digno.
Cruzando Europa de punta a punta, irán acumulando experiencias y aventuras desternillantes en este viaje que incluye reflexiones irónicas y profundas sobre el deporte nacional finés, el suicidio.

Con un estilo directo y muy fácil de leer, es ésta una novela de carretera repleta de humor negro y absurdo,  con un final previsible. Sin embargo, no importa el final, sino el cómo, y ahí, Paasilinna es un auténtico maestro en mantener el interés.



El coronel entró en la casa para buscar la carpeta que contenía, entre otras, su respuesta al anuncio del periódico. Se trataba de una tarjeta comercial de La Veloz de Korpela S.A, en cuyo reverso el transportista había escrito: "Muy interesado en el suicidio, pero sin tiempo para escribir en este momento. Pónganse en contacto y ya hablaremos".
El coronel cerró la carpeta y pasó a exponerle los proyectos de su grupo. Le contó que tenía en su poder los datos de seiscientos finlandeses y que los había utilizado para organizar el seminario de Helsinki. (...) Kemppainen le preguntó si había entendido bien el objetivo de la tropa. No estaban hablando de turismo de lujo, sino más bien se trataba de aliviar a personas desesperadas que se enfrentaban a cuestiones fundamentales, y juntas, intentaban hallar consuelo a su sufrimiento. (...)
Tras el desayuno, dieron una vuelta de prueba. Eran más o menos las siete. Recorrieron la provincia a una velocidad de vértigo; Turenki, Hattula, Hauho, Pälkäne, Lupioinen y Lammi, donde pararon a comer. Cuando abrió la licorería, compraron veitne botellas de champán y dieron media vuelta en dirección al lago Humalajärvi, para festejar el primer y exitoso viaje del buque insignia de la compañía La Veloz de Korpela S.A.
En lo mejor de la fiesta, se detuvo ante el jardín de la casa un coche negro del que se bajaron con torpeza dos hombres de aspecto formal. (...)
Los serios recién llegados se presentaron a Rellonen; uno era el comisario rural del distrito y otro un abogado de Helsinki. Este último dijo que representaba al oficial del juzgado encargado de la liquidación de su empresa en quiebra. El director gerente ofreció champán a sus visitantes, pero éstos no parecían estar para muchas fiestas. Estaban allí para otro asunto, algo mucho más grave.
El abogado sacó un fajo de papeles y declaró que, en virtud de la sentencia emitida con fecha de 21 de marzo del año en curso por el Tribunal de Primera Instancia de Helsinki sobre la citada quiebra, quedaba prohibida toda enajenación o destrucción del inmueble situado en la orilla del lago Humalajärvi, y asimismo, teniendo en cuenta los agravantes del caso, se declaraba la citada propiedad bajo embargo inmediato; por consiguiente, el director Rellonen tenía que hacer entrega de las llaves y retirarse de citado lugar, él y todos los allí presentes, esa msma noche antes de las doce.
El comisario del distrito añadió que, en caso de desobediencia, él mismo se presentaría en calidad de autoridad competente para facilitarle la mudanza y que, de ser necesario, también los oficiales de policía bajo su mando se ocuparían de acelerar dicho trámite.
Rellonen se opuso, diciendo que por lo menos seguía siendo amo de su casa y señor en sus propias tierras. Amenazó con presentar una queja al defensor del pueblo por la conducta oficial del juzgado y del comisario del distrito, y dijo que si hacía falta llegaría hasta el mismo presidente de la República.
Pero sus protestas no surtieron ningún efecto.
Le dieron permiso para vaciar el frigorífico, sacar del pozo la caja de cervezas puesta a refrescar y llevarse las ollas y demás menaje de cocina comprado en Urjala, que reconocieron como propiedad de los invitados de Rellonen. Vamos, que al director gerente le dejaron con lo puesto, y sólo le dieron permiso para coger sus enseres de aseo personal, además de una pastilla de jabón y una toalla. El resto de los bienes inmuebles quedaron confiscados en el interior de la casa, y Rellonen tuvo que entregar sus llaves a los invasores, tras lo cual aún le fue exigido que firmara el acta de embargo.
La formalidad fue llevada a cabo con la mayor brevedad y frialdad. Cuando terminaron, el comisario del distrito y el oficial del juzgado subieron al coche y se fueron por donde habían venido.
El oficial del juzgado le dijo al comisario, con indignación:
- Pues menuda fiestecita tenían organizada... Claro, no me extraña que el tío haya acabado en la ruina. Con una marcha como ésa, hasta el Banco de Finlandia se hundiria, así que... ni te cuento una lavandería...
El comisario no se quedó atrás. El mundo de los negocios estaba podrido de cabo a rabo. El tipo se había declarado insolvente, pero para champán sí que había dinero. Había contado al menos veinte invitados en la casa, y todos estaban borrachos como cubas. Estaría en la bancarrota, pero desde luego, eso no le impedía pasárselo en grande.
-¡Joder...! Y luego, ¡que pague el contribuyente!
- ¡Y cómo me hervía la sangre al ver a esos parásitos... tirando al lago las botellas de champán a medio beber! Les ponían el corcho y hala, al agua. ¡Qué vergüenza! Por suerte, ha terminado todo.
El comisario añadió:
- ¿Y qué me dice del coronel ése, que se pavoneaba más que nadie? Una conducta inadmisible para un representante de las fuerzas armadas. Los cuervos graznan donde apesta a carroña, eso ya se sabe.
El oficial admitió que de vez en cuando él también bebía champán, y con gusto, pero a sus expensas normalmente. Sin embargo, celebrar semejante sarao, y como quien dice, sobre las ruinas de una empresa sumida en la bancarrota... eso era inaudito. Daba náuseas contemplar semejante desenfreno, cuando en Finlandia quedaba aún tanta miseria material y espiritual. Cientos de personas se suicidaban en el país, gente que se veía superada por sus problemas... Y pensar que mientras tanto, semejantes sinvergüenzas se arrogaban el derecho de vivir a lo loco sin preocuparse por el mañana...

10.04.2009

El Universo Elegante

Nuestra concepción para explicar el universo se basa en dos leyes que se contradicen. En este libro, Brian Greene nos explica cómo las grandes teorías de la relatividad y de la mecánica cuántica, que han transformado la interpretación de la naturaleza durante el siglo XX, conllevan el gran problema de la física actual; la búsqueda de una ley que unifique a todas las demás, una ley que Einstein persiguió en vano. La teoría de las supercuerdas vendría a unificar esos dos grandes pilares de la física actual, el gravitacional y el cuántico, al suponer que todo lo que sucede en el universo surge de las vibraciones de una única entidad ; microscópicos lazos de energía que se encuentran en el núcleo de la materia, y que habitan en espacios de dimensiones superiores a las cuatro del espacio-tiempo.

Cuestiones complejas presentadas de forma amena y bien explicadas para que todo el mundo pueda abordar el texto. Si alguna vez os preguntasteis si Dios creó el universo jugando a los dados, este libro es altamente recomendable.


Durante los últimos treinta años de su vida, Albert Einstein buscó incesantemente lo que se llamaría una teoría unificadora de campos, es decir, una teoría capaz de describir las fuerzas de la naturaleza dentro de un marco único, coherente y que lo abarcase todo. Einstein no estaba motivado por las cosas que a menudo relacionamos con la actividad científica, como, por ejemplo, intentar hallar una explicación para estos o aquellos datos experimentales. Lo que le impulsaba era una creencia apasionada en la idea de que una comprensión más profunda del universo pondría de manifiesto una auténtica maravilla; la sencillez y el enorme poder de los principios en los que se basa. (...)

Hablar de una ocultación sería quizá demasiado drástico, pero, durante más de medio siglo - incluso en el preciso momento de alcanzar algunos de los mayores logros científicos de la historia - los físicos han sido conscientes de la existencia de una oscura nube que surgía amenazadora en un horizonte lejano. El problema es el siguiente: existen dos pilares fundamentales en los que se apoya la física moderna. Uno es la relatividad general de Albert Einstein, que proporciona un marco teórico para la comprensión del universo a una escala máxima: estrellas, galaxias, cúmulos de galaxias, y aún más allá, hasta la inmensa expansión del propio universo. El otro pilar es la mecánica cuántica, que ofrece un marco teórico para la comprensión del universo a escalas mínimas; moléculas, átomos, y así hasta las partículas subatómicas, como los electrones y los quarks. A lo largo de años de investigación, los físicos han confirmado experimentalmente, con una exactitud casi inimaginable, la práctica totalidad de las predicciones que hace cada una de esas teorías. Sin embargo, estos mismos instrumentos teóricos conducen a otra conclusión inquietante; tal y como se formulan actualmente, la relatividad general y la mecánica cuántica no pueden ser ambas ciertas a la vez. Las dos teorías en las que se basan los enormes avances realizados por la física durante los últimos cien años - unos avances que han explicado la expansión de los cielos, y la estructura fundamental de la materia - son mutuamente incompatibles.

10.02.2009

El extranjero

Publicada en 1942, esta novela en primera persona es una descripción muy acertada de la carencia de valores del mundo en el que se mueve Meursault, el protagonista. Una serie de circunstancias le llevan a cometer un crimen absurdo, aparentemente inmotivado; su muerte en el patíbulo no tendrá más sentido que su vida, exenta de responsabilidad, sentido moral o culpa.


Todo el texto refleja apatía e indiferencia frente al entorno.
Como curiosidad, The Cure dedicó la canción Killing an Arab a este libro.



La había golpeado hasta hacerla sangrar. Antes no lo hacía. "Le pegaba, pero tiernamente, por así decirlo. Lloraba un poco. Yo cerraba las contraventanas y todo terminaba como siempre. Pero ahora va en serio. Para mí, no la he castigado bastante.
Me explicó entonces que ésa era la razón de que necesitase un consejo. Se interrumpió para ajustar la mecha de la lámpara que había ardido. Yo seguía escuchándolo. Había bebido casi un litro de vino y sentía calor en las sienes. Fumaba los cigarrillos de Raymond, porque había agotado los míos. Pasaban los últimos tranvías y llevaban con ellos los ruidos ahora lejanos del barrio. Raymond siguió.
Lo que le fastidiaba "es que todavía deseaba su sexo". Pero quería castigarla. Había pensado primero llevarla  un hotel y llamar a la poli para armar un escándalo y la fichasen. Después había hablado con sus amigos del hampa. No se les había ocurrido nada. Para tan poco valía ser del hampa, como me comentaba Raymond. Se lo había dicho a ellos, que habían propuesto entonces "marcarla". No era eso lo que él quería.Antes deseaba preguntarme algo. Además quería saber primero qué me parecía esta historia. Respondí que no me parecía nada, pero que era interesante. Me preguntó si creía que había sido engañado y amí me parecía, ciertamente, que sí lo había sido, y si yo creía que merecía un castigo, y yo le dije que nunca se sabe, pero que comprendía que quisiera castigarla. Bebí todavía un poco de vino. Encendió un cigarrillo y me dio a conocer su idea. Quería escribirle una carta "con patadas, y al mismo tiempo, con cosas que la hicieran lamentarlo". Después, cuando volviese, se acostaría con ella y, justo en el momento de terminar, le escupiría en la cara y la echaría. Me pareció que, en efecto, de ese modo quedaría castigada. Pero Raymond me dijo que no se sentía capaz de hacer la carta que convenía y que había pensado en mí para escribirla. Como yo nada dije, me preguntó si me molestaría hacerla enseguida, y le contesté que no.

9.30.2009

La sombra del viento

Arranca en un cementerio de libros olvidados. Daniel Sempere encontrará allí un volumen que le fascina; lo rescata del cementerio de libros olvidados, lee el libro de tirón, y a partir de ahí, se verá envuelto en intrigas y peligros por proteger este libro de ciertas personas. También investigará la vida del autor, tan atrayente como su obra.

La mejor novela de intriga que he leído recientemente, por su calidad literaria, el escenario que evoca y los diálogos chispeantes. Además, reafirma mi teoría; los sugus de limón curan cualquier cosa.

Ésta novela se ha convertido en un best-seller mundial, con más de diez millones de ejemplares vendidos en 36 idiomas diferentes, llamando la atención de la crítica a nivel mundial que aclamó la obra como "una de las grandes revelaciones literarias de los últimos tiempos".


—Anda, Daniel, vístete. Quiero enseñarte algo —dijo.
—¿Ahora? ¿A las cinco de la mañana?
—Hay cosas que sólo pueden verse entre tinieblas—insinuó mi padre blandiendo una sonrisa enigmática que probablemente había tomado prestada de algún tomo de Alejandro Dumas.

Las calles aún languidecían entre neblinas y serenos cuando salimos al portal. Las farolas de las Ramblas dibujaban una avenida de vapor, parpadeando al tiempo que la ciudad se desperezaba y se desprendía de su disfraz de acuarela. Al llegar a la calle Arco del Teatro nos aventuramos camino del Raval bajo la arcada que prometía una bóveda de bruma azul. Seguí a mi padre a través de aquel camino angosto, más cicatriz que calle, hasta que el reluz de la Rambla se perdió a nuestras espaldas. La claridad del amanecer se filtraba desde balcones y cornisas en soplos de luz sesgada que no llegaban a rozar el suelo.
Finalmente, mi padre se detuvo frente a un portón de madera labrada ennegrecido por el
tiempo y la humedad. Frente a nosotros se alzaba lo que me pareció el cadáver abandonado
de un palacio, o un museo de ecos y sombras.
—Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie. Ni a tu amigo Tomás. A nadie.
Un hombrecillo con rasgos de ave rapaz y cabellera plateada nos abrió la puerta. Su mirada aguileña se posó en mí, impenetrable.
—Buenos días, Isaac. Éste es mi hijo Daniel —anunció mi padre—. Pronto cumplirá once años, y algún día él se hará cargo de la tienda. Ya tiene edad de conocer este lugar.
El tal Isaac nos invitó a pasar con un leve asentimiento. Una penumbra azulada lo cubría todo, insinuando apenas trazos de una escalinata de mármol y una galería de frescos poblados con figuras de ángeles y criaturas fabulosas. Seguimos al guardián a través de aquel corredor palaciego y llegamos a una gran sala circular donde una auténtica basílica de tinieblas yacía bajo una cúpula acuchillada por haces de luz que pendían desde lo alto. Un laberinto de corredores y estanterías repletas de libros ascendía desde la base hasta la cúspide, dibujando una colmena tramada de túneles, escalinatas, plataformas y puentes que dejaban adivinar una gigantesca biblioteca de geometría imposible. Miré a mi padre, boquiabierto.

Él me sonrió, guiñándome el ojo.

—Daniel, bienvenido al Cementerio de los Libros Olvidados.

Les diré que te recuerdo

Cristina Rota realiza un ejercicio de memoria, desgranando la etapa desde los cincuenta hasta el final de los setenta en Argentina. Desde sus primeros recuerdos del barrio de sus abuelos, hasta los años de plomo, cuando la dictadura militar marcó el futuro de más de 30.000 familias con "desaparecidos". La autora relata sus vivencias sobre política, amor, pobreza, compromisos, encuentros, desencuentros, exilio y traiciones. Pero sobre todo, el libro es una conmemoración a su compañero desaparecido, Diego Fernando Botto, secuestrado, presumiblemente torturado y asesinado por la dictadura militar el 21 de marzo de 1977. Un homenaje a toda la generación que entregó lo mejor de su vida por la lucha para construir un país libre y más justo.

Yo pongo mis muertos encima de la mesa
yo pongo su sangre seca, histórica
sus huesos retorcidos y su insoportable olor a espera postergada.

La mirada clavada en la respuesta que habremos de ofrecer
los hijos o los nietos o los herederos de la carne podrida al sol
Y la rabia que brota de los labios que me muerdo
desde que perdí los dientes de leche
La rabia que riego en la ducha todas las mañanas
y me saluda irónica todas las noches
que me arropa y me refleja en los ojos de los
muertos que aún van a trabajar,
me la puedo tragar
Le puedo enseñar a atarse los cordones
y no aceptar caramelos de extraños
Pero solo...

Cuando me den una pala para enterrarlo a gusto
y unas rejas donde visitar a sus asesinos.

Juan Diego Botto